Existen innumerables tipos de fiestas, pero no se trata de participar en todas. La idea es que con independencia de lo que se celebre te entretengas, seas feliz y tomes buenas fotos. Si te lo estás pasando bien y, sobretodo, si actúas solo y concentrado en lo que sucede alrededor, tus imágenes lo reflejarán. Mira de no ser un incordio y procura que tu afán de obtener fotos espectaculares no interrumpa los actos que se celebran o moleste a los espectadores (que, por cierto, también andarán ocupados tomando fotos o vídeos con sus correspondientes chirimbolos). Sé paciente y prevé que la multitud que tienes delante extenderá sus brazos hacia arriba para registrar lo que acontezca con sus móviles y dificultarán tu campo de visión. Los que tienen más morro se colocarán sin contemplaciones delante de ti. La acometividad humana no tiene límites a la hora de conseguir el mejor trofeo. No te sulfures. Estudia la coyuntura y actúa, con tranquilidad, en consecuencia. Los grandes fotógrafos casi siempre están situados en el lugar idóneo. Pero su mérito no consiste sólo en eso. Lo verdaderamente prodigioso es que llegan ahí sin despeinarse, con la habilidad de un depredador experimentado. Por eso el trofeo casi siempre es para ellos. En lugar de liarse a codazos se lo toman con calma y se infiltran por resquicios que la ofuscación impide distinguir.
Una vez estés bien situado quizás te exigirán que te apartes, porque hay espectadores que han decidido grabarlo todo, como si fueran cámaras profesionales al servicio de una cadena de televisión. Verás personas capaces de permanecer horas inmortalizando todo lo que sucede poco más allá de sus narices. La fiebre por almacenar compulsivamente cualquier cosa en una tarjeta de memoria es imparable, una epidemia que evidencia las tendencias del siglo XXI: si bien antes el teléfono era una extensión de las personas, ahora las personas son una extensión del teléfono.
Por lo tanto, si buscas la excelencia fotográfica, no seas igual que los demás. Contemplar el mundo a través de una pantalla de plasma es muy triste. Evita ser como Don Tancredo, ese perfil del político desprovisto de carisma que propone ruedas de prensa a través de un monitor para evitar el contacto con la realidad y para que los periodistas no le puedan hacer preguntas. Con el ojo pegado a la cámara actúas igual. Te recomiendo lo contrario: agudiza la vista, vive con intensidad, relaciónate con la gente y vuelca tu concentración en el visor sólo cuando tengas algo que contar. Nada de reacciones impulsivas, la mente fría y el corazón caliente.
Muy cierto, disfrutar de tomar fotos, aparte de realizar con gusto el trabajo, deja de ser una actividad que tienes que realizar por sustento y se convierte en el mayor de los placeres. Te olvidas de todo, la pasas bien, te regocijas, y todavía te premian por pasarla bien.
Sí, es una manera de vivir…